Por el Dr. Oscar A. Galíndez
(Reproducido,
con autorización del editor, de la revista "Ovnis,
un desafío a la ciencia", N° 6, mar.-abr. 1975,
Ed. CADIU, Córdoba, Argentina.)
De un tiempo a esta parte, y
paralelamente a la presencia de los OVNIS, se ha prestado particular
interés a múltiples manifestaciones marinas que
parecen asociarse a aquel fenómeno. Este singular aspecto
-no muy estudiado todavía- merecería una consideración
más ampliativa, toda vez que la comprobación de
su realidad acarrearía la modificación integral
de muchas hipótesis explicativas del problema, especialmente
las referidas a inversiones de temperatura, cuerpos convencionales
y bólidos en general. Si realmente el fenómeno OVNI
se exterioriza también en medios acuíferos, introduciéndose
en el mar y emergiendo del mismo, la posibilidad de aceptación
de aquellas teorías se descarta por completo. La verdadera
investigación no puede recurrir a ningún tipo de
eufemismos para eludir un estudio más completo de esta
extraña derivación fenoménica.
El investigador español Antonio Ribera -posiblemente influenciado
por Charles Fort- fue el primer ufólogo que reunió
el mayor número de antecedentes probatorios sobre las implicaciones
marinas de los OVNIS, sugiriendo que -deser fenómenos inteligentes-,
no sería desestimable la utilización de las profundidades
oceánicas como bases operacionales. En su primer libro
-publicado en 1961- Ribera lanzó esta hipótesis,
dedicándole al tema seis páginas y abordándolo
en la parte final de un capítulo que versaba sobre otros
tópicos (1). En la segunda edición, aparecida en
1966, ya le dedica todo el capítulo XI bajo el epígrafe
de "Bases Submarinas?" y con un total de diaeciocho
páginas (2).
Otros investigadores han recogido últimamente sus sugerencias,
reuniendo importantes precedentes sobre el problema (3) a tal
punto que todo induce a especular que la relación OVNI-mar
ofrece actualmente poderosos indicios de verosimilitud. Por tal
razón debe incluirse la faceta marina en el contenido de
las definiciones de 'Ufología" y de "OVNI.
El Informe de Colorado no analizó ningún caso referido
a este aspecto fenoménico, ni aludió en modo alguno
a la periódica producción de estas manifestaciones.
La falta de consideración del problema quizá haya
estado motivada por la circunstancia de que la gran mayoria de
la casuística existente no haya tenido su génesis
en el litoral americano sino en el Mar Rojo, en el Golfo Pérsico
y en los Océanos Indico y Atlántico (particularmente
frente a las costas de la Patagonia argentina). De todos modos
se imponía la conveniencia de un pronunciamiento clarificador.
1. - LA BIOLUMINISCENCIA
MARINA
A fin de deslindar convenientemente el alcance del fenómeno,
se impone la necesidad de tipificar las características
de la consabida bioluminiscencia marina, consistente en la producción
de luz por parte de vegetales y animáculos vivos. Millares
de estos organismos flotantes pueden combinarse en el mar y producir
el conocido efecto de "fosforescencia", término
que involucra un número apreciable de distintas manifestaciones
luminosas que varían en función de las especies
de organismos comprendidos, su concentración en el mar
y los factores ambientales que los estimulan a cobrar luminiscencia.
Una de las formas más curiosas es la llamada "rueda
fosforescente", caracterizada por una configuración
circular dotada de rayos brillantes que parten de un núcleo
lumínico. Están animadas de movimientos de rotación
y traslación que les comunican un aspecto insólito.
No se conoce todavía su verdadero origen. Para algunos
se trataría de una combinación de bioluminiscencia,
olas comunes e ilusión óptica. Pero esta no es una
interpretación satisfactoria. La teoría más
aceptada habla de una interferencia generada por la interacción
de dos o más series de olas concéntricas en expansión,
derivadas de fenómenos sísmicos, y que se harían
visibles por la estimulación de vegetales luminiscentes
en los puntos en que los círculos concéntricos de
las dos olas se ponen en contacto Esto originaría el efecto
radial típico de estas ruedas.
A criterio del desaparecido científico Richard Turner,
esta explicación resulta lo suficientemente apropiada como
para interpretar las observaciones marinas. de "discos"
o "ruedas" brillantes que se desplazan a ras de las
aguas (o en profundidad, agregaríamos nosotros). (4).
Aceptamos las consideraciones de Turner, en la medida en que muchos
incidentes famosos, como los de los navíos "Bull dog",
'Tulture" o "Patna" se ajustan plenamente a las
características de tales ruedas", pero las rechazamos
en tanto se pretenda su extensión a la totalidad de los
avistamientos marinos.
Cuando Richard Turner escribió en 1967 su notable opúsculo
para una publicación británica, ignoraba numerosos
sucesos (entre ellos varios sudamericanos), que reducían
considerablemente el ámbito de aplicación de sus
teorías. Prueba de ello es que en el listado de incidentes
que consignaba no figuraba ninguna de las observaciones atlánticas
de los últimos años, cuando eran ellas -entre otras-
las que cuestionaban sus propias consideraciones.
Esta circunstancia movió al autor del presente trabajo
a elaborar en 1968 una suerte de respuesta documental -no a Turner,
que ya había fallecido- sino a quienes se habían
aferrado a sus esquemas. Aquella modesta aportación nuestra
-publicada en una conocida revista francesa- reactualizó
el problema de los OVNIS submarinos y avivó la polémica
precedente. (5)
Algunos de aquellos sucesos están incluídos en este
artículo, y prueban -a nuestro entender- que el fenómeno
OVNI parece estar curiosamente ligado a medios acuáticos.
De su estudio detenido no se desprende otra conclusión
más valedera.
II.- MANIFESTACIONES ATLANTICAS
El caso argentino más antiguo es el perteneciente al señor
Romeo Ernesto Suárez, acaecido en junio de 1950. Esta persona
se desempeñaba como chofer del cuerpo de bomberos de Ushuaia,
capital de Tierra del Fuego, cuando decidió emprender un
raid a pie desde esta ciudad hasta la Capital Federal (Buenos
Aires), lo que logró en cinco meses y catorce días,
tras recorrer prácticamente 4.000 kilómetros.
La mayoría de los periódicos relataron el acontecimiento,
reproduciendo las distintas viscisitudes por las que atravesó
su singular protagonista. Pero lo que no dijo en aquella oportunidad
-por temor al ridículo- lo reveló recién
en 1968, en razón del creciente interés demostrado
por los organismos oficiales argentinos en la consideración
del fenómeno OVNI.
Según Suárez, cuatro o cinco días después
de su partida de Ushuaia, se encontraba entre San Sebastián
y Río Grande (todavía en territorio de Tierra del
Fuego) y caminaba por una región costera a unos 600 metros
del Atlántico.
Eran aproximadamente
las 23 horas. Súbitamente, y quebrando el silencio nocturno,
escuchó como el estrépito de aguas violentamente
batidas. Varias ovejas que dormitaban en la campaña se
sobresaltaron inquietas, y después se alejaron. No había
viento, tormenta o tempestad que pudieran explicar el hecho. Inmediatamente,
y emergiendo del mar, un objeto luminoso de forma oval apareció
a unos 500 metros de la costa. Se elevó verticalmente hasta
una cierta altitud, hizo un viraje en ángulo de 90 grados
y desapareció en dirección noroeste, hacia el territorio
argentino.
Unos quince días después, también de noche
y cuando se encontraba entre Río Gallegos y la ciudad de
Santa Cruz (a la altura de Puerto Coyle, en la provincia de Santa
Cruz) se produjo un fenómeno similar. Esta vez, aunque
no pudo precisar su distancia con respecto a la costa, los objetos
luminosos que surgieron del Atlántico eran cuatro y parecían
muy pequeños. Repitieron la misma maniobra que el objeto
precedente, esto es, cobraron altura verticalmente y luego, en
formación perfecta, se aproximaron a la costa y se alejaron
hacia el oeste, en dirección a la Cordillera de los Andes
(6).

Según
el testigo Vicente A. Bordoli, periódicamente se sumergen
y emergen del Golfo San Matías extrañas formaciones
luminosas que cobran altura rápidamente.
Estas
observaciones de verdaderas flotillas luminosas parecen constituir
un hecho bastante frecuente en la región patagónica
argentina (aproximadamente desde el Paralelo 40° hacia el
sur). En agosto de 1962, por ejemplo, el señor Vicente
A. Bordoli, camionero afincado en Mar del Plata (provincia de
Buenos Aires), declaró a las autoridades policiales que
en el sur, por la ruta nacional N° 3 que bordea la costa atlántica
de la Argentina, había observado con su hijo Hugo Bordoli,
extrañas formaciones brillantes que -periódicamente-
entraban en el Golfo de San Matías, (provincia de Río
Negro) y después volvían a emerger, ascendiendo
en el cielo. (7).
III.- LOS FENOMENOS DEL GOLFO SAN JORGE
Tanto más desconcertante
fue un episodio de singulares características ocurrido
el 28 de julio de 1964 en el Golfo San Jorge (entre las provincias
de Chubut y Santa Cruz). En efecto a las 21,24, la Subprefectura
de Puerto Madryn (Chubut), recibió un mensaje radiotelegráfico
del buque-tanque de bandera argentina "Cazador". El
capitán informó textualmente lo siguiente:
"A las 21.10 horas se avista una luz de bengala. Se comienza
a dar vueltas alrededor del lugar, oyéndose voces próximas
al buque. Nos encontramos a 45°56'06" de latitud sur
y a 64°00'00" de longitud oeste. Voces no localizadas.
Mi barco no posee radar".
Poco después, el buque tanque "Cazador" confirmó
nuevamente su posición y comunicó que se encontraba
buscando a los presuntos náufragos en un círculo
de 5 millas, colaborando en la tarea otro buque-tanque, el "San
Antonio".
Por la tarde del día siguiente arribó al puerto
el navío noruego "Sumber", cuyo capitán
elevó a la Subprefectura un informe en estos términos:
"Ayer -aproximadamente a las 21- en circunstancias en que
nos hallábamos navegando a ese puerto, observamos la caída
de un aerolito o pequeño cometa. Iba en dirección
nordeste, HORIZONTALMENTE hacia tierra. Despedía una luminosidad
que -por instantes- se tornaba intensa".
La posición de esta nave era cercana a la del "Cazador",
de forma que se puede pensar que desde el "Sumber" se
haya divisado la presunta bengala señalada desde aquél.
(Las bengalas describen, cuando son lanzadas, una parábola
y nunca su trayectoria es horizontal).
Varias lanchas de la Subprefectura
y otras embarcaciones realizaron un extenso rastreo para determinar
la posición de los pesqueros que operan en la zona, pues
se temía que se tratara del naufragio de uno de ellos,
pero las tareas no arrojaron ningún resultado positivo(8)
El
20 de setiembre de 1964 se vieron objetos luminosos que -describiendo
parábolas- se introducían y salían del Golfo
San Jorge.
Dos meses después, el mismo Golfo San Jorge fue escenario
de otro fenómeno de perfiles semejantes. Una persona de
reconocida honestidad y que pidió que no se revelara su
nombre, declaró que el 20 de setiembre de 1964, mientras
se dirigía por la noche a la ciudad de Comodoro Rivadavia
(capital de Chubut), procedente de Caleta Oliva, vio aparecer
a la salida de esta ciudad unos objetos extraños (3 ó
4) que, describiendo parábolas, se precipitaban de a uno
sobre el mar. El insólito espectáculo obligó
al ocasional protagonista a detener su vehículo a fin de
observar con detenimiento las llamas que los objetos dejaban a
su paso.
Después- de reanudar la marcha, y encontrándose
lejos del área originaria del avistamiento, advirtió
otros elementos luminosos -o quizá los mismos- que emergieron
a ras del agua, para más tarde girar vertiginosamente sobre
sí, y, en un marco de luz refulgente, elevarse nuevamente
para desaparecer en el espacio. (9)
IV - TRES
CASOS MAS RECIENTES
El 30 de julio de 1967 otro acontecimiento curioso fue certificado
a las 18,15 hora argentina (22,15 GMT) por marinos de igual nacionalidad).
El incidente se produjo al sur del Golfo de Santa Catarina y a
120 millas de las costas brasileñas (28,48 lat. S. 46,43
long. 0.). El fenómeno consistió en un extraño
objeto tubular que navegaba a escasa profundidad. El primero en
observarlo fue el oficial Jorge Montoya que, llamando al capitán
Julián Lucas Ardanza, le informó de la presencia
de una máquina desconocida que navegaba próxima
al "Naviero", un carguero perteneciente a la Empresa
Líneas Marítimas Argentinas. Efectivamente, un misterioso
objeto de 30 metros de largo navegaba a unos 15 metros de estribor
y a unos 3 o 5 metros de profundidad. Completamente luminoso,
no dejaba huellas de superficie ni emitía ruido alguno
de máquinas. Su brillo era blanco-amarillento y no parecía
disponer de una fuente de luz determinada, ya que toda su estructura
era fosforescente. No se advertían las protuberancias ni
las torrecillas propias de los sumergibles. Su perfil luminiscente,
pese a la inmersión, era nítido.
El objeto acompañó al "Naviero" durante
15 minutos a una velocidad de 17 nudos, que era la misma que desarrollaba
el barco argentino (un viejo navío del tipo Liberty, construido
en los Estados Unidos). Poco después viró en 90
grados, ganó profundidad y pasó debajo del "Naviero"
desapareciendo por babor. El capitán Ardanza estimó
esta última velocidad en aproximadamente 25 nudos, Como
se transprtaba pólvora y explosivos, y a fin de evitar
que cundiera el pánico, se decidió no comunicar
el hecho a la tripulación, que a esa hora se encontraba
cenando. (10)
Otro de los más recientes casos de objetos submarinos no
identificados registrado en la Argentina fue el del 11 de julio
de 1968. En tal oportunidad, el señor Raúl L. Benítez
y su hijo Ricardo Benítez, se conducían a las 0,15
en un vehículo, luego de haber cenado en un restaurante
céntrico de Mar del Plata. Cuando se dirigían por
el Boulevard Marítimo, al llegar a la altura de la Avenida
Luro, Ricardo Benítez -que se encontraba observando el
mar- divisó una luminosidad que avanzaba vertiginosamente
por el cielo. Señaló el hecho a su padre que detuvo
el automóvil a fin de apreciar con detenimiento el fenómeno.
Pero como fue ocultado por el espigón y la confitería
Altamar, regresaron al vehículo y retrocedieron hasta la
calle Belgrano, donde lo enfrentaron nuevamente. Permanecía
inmóvil e irradiaba una fuerte luminosidad. Fue entonces
cuando vieron un segundo objeto luminoso que se aproximó
desde el sur, arribando con gran celeridad al lugar en que se
encontraba el primero. Allí se detuvo unos segundos. Luego
ambos iniciaron un vuelo extremadamente rápido hacia el
norte, perdiéndose de vista. Los señores Benítez
partieron prestamente hacia La Perla (un poco más al norte),
para detenerse 100 metros más allá del monumento
a Alfonsina Storni, donde nuevamente localizaron las dos luces
que en ese momento realizaban extrañas evoluciones. Se
detuvieron, volvieron sobre su marcha, retomaron la ruta del norte
y luego se aproximaron a la costa. Allí constataron su
forma discoide, con un diámetro semejante a la Luna llena.
Daban la impresión de girar sobre un eje, irradiando tonalidades
rojizas y azul-violáceas. Sus velocidades eran por instantes
superiores a las de un avión a retropropulsión.
Uno de los elementos descendió
y pareció sumergirse en el mar, mientras que el segundo
permaneció en el aire -siempre a baja altura- para luego
desaparecer súbitamente, como si hubiese apagado las luces.
(11)
La figura que acompaña a esta crónica, elaborada
sobre un gráfico suministrado por los testigos al diario
"La Capital", de Mar del Plata, sirve de adecuado elemento
ilustrativo para la comprensión del comportamiento del
fenóméno.
Menos de una hora después
de aquel incidente, a la 1,05 otro objeto volador no identificado
fue observado por el capitán Jorge Alberto Bóveda,
el radiotelegrafista Manuel Jorge Pontini y el timonel de guardia
Manuel Silva, pertenecientes al buque argentino "Río
Grande" que se hallaba fondeado en la rada exterior de Puerto
Quequén (Necochea), a unos 120 kms. al sur del punto de
observación de los señores Benítez. También
cuatro vecinos que circulaban en automóvil por la avenida
Costanera divisaron el fenómeno.
Evoluciones
de los dos Ovnis vistos por los señores Raúl y Ricardo
Benítez, según gráfico del diaio "La
capital" (M. del Plata). Uno de ellos se sumergió
en el atlántico.
La aparición tuvo lugar frente a la costa balnearia, a
unos 800 metros aproximadamente, en línea recta desde la
rambla municipal. Según los testigos, el objeto surgió
a 750 metros a estribor y se detuvo a 100 metros de altura. Era
de forma ovoide y extremadamente luminoso. Emitió de su
parte inferior un potente rayo de luz cónica, de coloración
verde y violeta, que iluminó el mar en un diámetro
de unos 40 metros. Luego retrajo ese haz y se alejó a gran
velocidad. Todo transcurrió en apenas un minuto. (17)
Si bien no medió inmersión de este fenómeno.
varias de sus particularidades harían presumir su eventual
relación con el avistamiento de los señores Benítez.
Entre ellas notamos la poca distancia existente entre Mar del
Plata y Necochea (120 kms.); la escasa diferencia horaria entre
una y otra observación (menos de una hora), así
como la curiosa proyección de un haz luminoso hacia el
mar "como buscando algo", según las propias manifestaciones
del capitán Bóveda.
El último incidente registrado
en la Argentina sobre manifestaciones marítimas no identificadas,
acaeció el 31 de mayo de 1971 y tuvo por protagonista a
la sicóloga Zulema Bruno, quien declaró a la prensa
que en oportunidad de conducirse en un vehículo particular
por el litoral de Pinamar (Buenos Aires), vio surgir del océano
Atlántico un extraño elemento con forma de trompo
achatado que giraba sobre sí mismo e irradiaba destellos
anaranjados. Acompañó su automóvil unos 300
metros y luego, vertiginosamente, efectuó un giro y ascendió
hasta perderse de vista. (13)
Surgimiento de
un elemento volador con forma de trompo, según descripción
de la sicóloga Zulema Bruno.
V. - CONCLUSIONES
Los incidentes incluidos en el presente capítulo resultan
probatorios de un aspecto acuático muy poco conocido. Las
teorías científicas que pretenden interpretar el
fenómeno OVNI en función de inversiones de temperatura,
cuerpos convencionales y bólidos en general, sufren un
rudo revés frente a hechos de tanta significación,
muchos de los cuales han tenido por, ocasionales protagonistas
a experimentados hombres de mar. Las propias especulaciones de
Richard Turner, tendientes a explicar estas manifestaciones a
partir de "ruedas fosforescentes" producidas por fenómenos
de bioluminiscencia, son inaplicables a la totalidad de los casos
aquí relatados. Sería descabellado presumir que
esas "ruedas" puedan elevarse de la superficie oceánica
y perderse en el espacio. Sólo podría aceptarse
unja cierta ilusión óptica caracterizada por la
impresión de un desplazamiento "aéreo"
a pocos centímetros del ras de las aguas, pero jamás
en ascensos de metros.
El Primer Seminario de Estudio Integral del Fenómeno OVNI,
gestado en el seno de una sala de la Facultad de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires, examinó diversos aspectos
del problema, incluyendo las manifestaciones marinas. El veredicto
de las personalidades científicas que redactaron el informe
final -dado a conocer el 6 de setiembre de 1968- reconoció
(entre otras cosas) que el fenómeno OVNI aparentemente
está caracterizado por "elementos aéreos, acuáticos
y -subácueos", lo que de por sí constituye
un intento positivo hacia una comprensión más global
de la temática. (14)
Interpretamos que estos sucesos marinos deben ser materia de un
estudio minucioso, particularmente por parte de organismos especializados
situados en la región costera del sur argentino. Todo induce
a pensar que esa área representa un punto clave para la
futura determinación del fenómeno; máxime
si tenemos en cuenta que a mediados de 1968 la prensa de este
país informó que los lugareños patagónicos
denuncian frecuentemente la observación de objetos luminosos
que -por las noches- penetran en el mar. En los lugares de estas
inmersiones los "bancos" de algas aparecen al día
siguiente violentamente removidos, flotando algunas algas en la
superficie oceánica. (15)
La trascendencia científica de estos hechos fue sopesada
en su real magnitud en 1968 por el Círculo Argentino de
Investigaciones Ufológicas, al incluir el problema entre
los diez puntos fundamentales que conforman su decálogo
directriz (una suerte de programa investigativo de alcance nacional).
En su punto segundo se lee que "los organismos que se constituyan
en el sur argentino, a partir del paralelo de 40 grados, deberán,
orientar sus estudios hacia cuerpos submarinos no identificados
y su posible relación con el fenómeno OVNI".
(16)
CITAS BIBLIOGRAFICAS
1) Ribera, A. "Objetos desconocidos en el cielo" Argos, Barcelona, 1961, p. 239-244
2) Ribera, A. "El gran enigma de los Platillos Volantes" Pomaire, Barcelona, 1966, p. 317-334.
3) Fouére, R. "Existe-t-il
des bases sous-marines de soucoupes volantes?" "Phénoménes
Spatiaux", Francia, fbr. 1965, p. 16
-Robertson, W. S. "UFOS and the Scottish seas". FSR;
may-jun. 1965. p. 36.
-Hinfelaar, EL J. "Submarine craft in Australian waters".
FSR, julio-ag. 1966, p. 28.
-"Luminous wheels puzzle seamen", "New Scientisf"
N. Y., 9-3-67, v. 33, p. 447.
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-Binder, 0. 0. "The mystery of flying saucers at sea".
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-Fouére, R. "Soucoupe Plongeante", "Phen.
Spat.", N° 15, marzo 1968, p. 30. "De la plongée
au naufrge", "Phén, Spat." N° 16, jun.
68, p. 13. --Steiger, B. y Whritenour J. "Unidentified underwater
saucers". Saga v., 36, junio 1968, p. 34-37 y 54-57.
4) Turner, R. "Some unfamiliar PSUFOS", FSR, set-oct.,
1967, p. 7-9.
5) Galíndez 0. A. "Des bases sous-marines dans l'Atlantique?"
-Phén. Spat." N° 18, dic. 1968, p. 3-7.
6) "La Razón" (diario) Bs. As., 27-6-68-
7) Creighton, G. "Argentina 1962", FSR, jul-ag. 1964,
p. 10
8) "Democracia" (diario) 30-7-64.
9)"El Rivadavia" (diario), Comodoro Rivadavia, Arg.
21-9-64.
10) "La Razón", 2-8-67.
11) "La Capital" (diario) M. del Plata (Arg.) 12-7-68.
12) "Ecos Diarios" (diario) Necochea (Prov de Bs. As.,
12-7-68)
13) Revista de La Nación, Bs. As., 8-8-71, p. 9.
14) "La Razón", 7-9-68.
15) Idem 17-6-68.
16) Galíndez 0. A. "Informe sobre los Objetos Voladores
no Identificados", Mariani editor, 1968, Córdoba,
p. 87