TITULO: UN CASO FANTASTICO
AUTOR: Oscar A. Uriondo
FUENTE: UFO PRESS N° 15, enero de 1983

Un día no bien precisado del mes de mayo de 1972, dos funcionarios de una importante institución bancaria estatal, fueron protagonistas de un extraño suceso, que si bien no involucra la presencia visible de OVNIS, atañe sí a ciertas manifestaciones físicas que en algunos casos han sido descritas en directa asociación con dichos fenómenos anómalos.

Los testigos son los señores Ivo Dugour y Néstor Berlingieri, quienes con mucha frecuencia efectuaban viajes al interior de la provincia de Buenos Aires, en virtud de su trabajo bancario. En dicha oportunidad, se dirigían desde el Mar del Plata a la Capital Federal, por la ruta nacional no 2.

De este caso, que ha permanecido inédíto hasta ahora, tuvimos conocimiento por intermedio del señor Rubén Luzuriaga, colega y amigo de los mencionados testigos. Gracias a su gentil intervención, logramos dialogar con ellos, venciendo previamente su reticencia en hablar sobre un evento quizás demasiado fantástico para los cánones convencionales. Pudimos así entrevistarlos por separado y recoger sus respectivas versiones de esa experiencia en común. Como habrá de apreciarse, no son ellas contradictorias, sino lógicamente complementarias.

LOS HECHOS SEGUN DUGOUR

Habían partido de Mar del Plata, alrededor de las 0,30, luego de una cena frugal, en la que no bebieron. Berlingieri conducía el automóvil -un Ford Falcon- mientras que Dugour dormitaba en el asiento adyacente.

De repente, cuando habrían transcurrido unos 30 minutos de marcha, el conductor enfiló el auto hacia el arcen, estacionándolo y expresando que sentía un sueño irresistible. Antes de dormirse, alcanzó Berlingieri a cerrar las ventanillas y las trabas de seguridad de ambas puertas y a desconectar el motor, guardándose las llaves en un bolsillo delantero del pantalón. Después, Dugour no recuerda nada más. Despertó de improviso con los gritos de su compañero, que exclamaba: ¡Estoy sin motor!. Vio entonces que el automóvil se desplazaba lentamente por la mitad de la carretera. Probaron las luces, que funcionaban normalmente; y luego, recordando que su amigo tenía las llaves en el bolsillo, Dugour se lo hizo saber y aquel pudo entonces poner en marcha el motor.

Sólo en ese instante, comprendieron que el vehículo había estado desplazándose, a unos 20 ó 30 km./h. con el motor desconectado. El hecho era tanto más sorprendente, pues, si bien el auto no había quedado frenado, en ese lugar el terreno era completamente llano, sin declive notable.

Cuando llegaron a Dolores, Berlingieri, muy excitado, relató lo ocurrido a una persona que trabajaba en la estación de servicio; Dugour, por el contrario se mostraba extrañadamente calmo y somnoliento.

Al reanudar la marcha, esta vez con Dugour al volante, este testigo comenzó a sentir una muy rara y desagradable sensación en la cabeza: como un hormigueo similar al de una pierna dormida; subía desde el cuello y así se mantuvo durante largo tiempo, obligándolo a manejar con extrema lentitud.

EL TESTIMONIO DE BERLINGIERI

Su relato coincide con el anterior hasta el momento en que desvía el auto al arcen. No recuerda, en cambio, haber cerrado las ventanillas, ni las trabas de seguridad, ni siquiera haber guardado las llaves. Se durmió instantáneamente y cuando despertó (Calcula que durmieron unas dos horas, por el tiempo que tardaron en llegar a Dolores), tenia asido el volante con las dos manos, en tanto el Ford Falcon avanzaba por la carretera, absolutamente desierta a esa hora.

Berlingieri, y tampoco Dugour, no han podido precisar el lugar del estacionamiento, quizás porque estaban demasiado confusos para tener ideas claras de su localización. Sólo suponen que podrían haber estado detenidos a unos 30 km. de Maipú. Tampoco supieron estimar la distancia recorrida por el automóvil durante el periodo en que. permanecieron dormidos.

Es interesante destacar que la somnolencia experimentada por los testigos fue en todos los casos muy intensa y absolutamente desacostumbrada, pues ambos estaban habituados a esa clase de viajes nocturnos.

Finalmente, en ningún momento Dugour ni Berlingieri vieron fenómenos luminosos inexplicables ni oyeron ruidos extraños.

CONCLUSIONES

En este extraño caso, no hay motivos fundados para dudar de la veracidad de los testigos. En momento alguno intentaron ellos publicitar su experiencia y, por el contrario, la misma no fue comunicada a ningún medio de prensa: sólo llegaron a conocerla unas pocas personas amigas de los nombrados. Incluso los testigos se mostraron reacios a comentar el episodio con los compañeros de trabajo, por razones fáciles de comprender.

En cuanto a si lo narrado puede explicarse como una experiencia onírica o alucinatoria, resulta sorprendente que esta ocurriera en dos personas, simultáneamente y en forma coincidente y hasta complementaria.

De cualquier modo, aún admitiendo la realidad de los hechos referidos, es evidente que aislado de todo contexto, marginado del cuerpo de la casuística ufológica, el episodio no ser í a sino uno de los tantos sucesos inexplicables, pero únicos. Y así considerado, malgrado la jerarquía de credibilidad de sus testigos, el destino de este caso no podría ser otro.

Es sólo a la luz del análisis y estudio comparados que tal tipo de incidentes adquieren verdadera relevancia científica, al superar su condición de meras curiosidades convirtiéndose en miembros de una clase de fenómenos. Pues la experiencia de los dos bancarios, por fantástica que parezca, no es única de modo alguno. Bástenos recordar aquí los enigmáticos fenómenos observados en Cauquenes, Chile en junio y julio de 1968; o en Draguignan, Francia el 19 de octubre de 1973; o en las cercanías de Mansfield, Estados Unidos, el 10 de octubre de ese mismo año (caso del helicóptero militar del capitán Larry Coyne), entre varios otros, con la presencia visible de OVNIS o sin ella.

La conclusión obvia inferida de todos estos incidentes es que algún campo de fuerzas no necesariamente electromagnéticas, quizás sí gravitatorias (ejercidas deliberadamente o bien como efecto involuntario relacionado con el sistema propulsor del OVNI) está actuando sobre vehículos aéreos y terrestres. Pero luego que tal suposición deberá ser corroborada o refutada mediante investigaciones más minuciosas y exhaustivas que permitan obtener nuevos elementos de juicio. Con ellos sería factible tal vez confeccionar modelos físicos explicativos, científicamente aceptables, que dieran cuenta cabal de los misteriosos efectos observados.